EN PRIMER PLANO

Morena 15 años después
Por Diana del Ángel
Quince años bastaron para cambiar el mapa político de México. Pero la pregunta incómoda sigue en el aire: ¿cuánto ha cambiado realmente la vida de los mexicanos?
En 2011 inició el movimiento MORENA encabezado por Andrés Manuel López Obrador, en medio del hartazgo frente a la corrupción, la inseguridad, la desigualdad y el desgaste de los partidos tradicionales.
Fue en 2014 cuando obtuvo su registro como partido político nacional y cuatro años después conquistó la Presidencia de la República.
Su promesa era ambiciosa: acabar con los privilegios, combatir la corrupción, poner primero a los pobres y transformar la manera de ejercer el poder.
Hay que reconocer que Morena supo interpretar el enojo social y convertirlo en una fuerza electoral que cambió las reglas de la política mexicana.
Pero conquistar el poder es una cosa y demostrar que se puede gobernar mejor es otra muy distinta.
LOS LOGROS QUE TAMBIÉN DEBEN RECONOCERSE
Sería mezquino negar que Morena conectó con sectores que durante años se sintieron ignorados.
Pensiones para adultos mayores, becas y otros programas sociales colocaron el bienestar de las familias de menores ingresos en el centro de la agenda.
En el tiempo de mujeres, 2024, Claudia Sheinbaum asumió la presidencia con 35 millones 924 mil 519 votos, equivalentes al 59.75% de la votación, de acuerdo con los cómputos del INE.
También hay resultados sociales que deben reconocerse. De acuerdo con el INEGI, la población en situación de pobreza multidimensional pasó de 51.9 millones en 2018 a 38.5 millones en 2024.
Es un avance importante. Pero todavía significa que 38.5 millones de mexicanos continuaban en pobreza en 2024.
Reconocer los avances no obliga a ignorar los pendientes. Y señalar los errores tampoco significa negar los logros.
EL PROBLEMA COMIENZA CUANDO EL DISCURSO CHOCA CON LA REALIDAD
La corrupción fue una de las principales banderas con las que Morena construyó su identidad. Por eso, los casos ocurridos dentro de su propia administración tienen un peso político especial.
El caso Segalmex es uno de los ejemplos más delicados. El Gobierno federal informó en 2024 que, de los 9 mil 500 millones de pesos observados en las cuentas públicas de 2019 y 2020 de Segalmex, Diconsa y Liconsa, 4 mil 700 millones habían sido aclarados, 2 mil 100 millones permanecían en análisis y 2 mil 700 millones no habían sido aclarados.
La precisión es importante: una observación de auditoría no equivale automáticamente a una sentencia por corrupción. Pero las cifras oficiales sí muestran la magnitud del problema.
Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿Cómo puede un movimiento que prometió erradicar la corrupción conformarse con anunciar investigaciones sin que la ciudadanía conozca claramente sus resultados?
LOS GOBIERNOS ESTATALES TAMBIÉN ESTÁN A PRUEBA
Hoy Morena gobierna buena parte de los estados y, con ello, también carga con la responsabilidad de responder por las crisis que enfrentan.
Sinaloa, con la administración de Rubén Rocha Moya, es un ejemplo de ello, frente a una profunda crisis de seguridad y fuertes cuestionamientos políticos.
Pero aquí también debe existir rigor: una acusación no es una sentencia y una crisis política no equivale automáticamente a culpabilidad. Ni condenas anticipadas ni protección política.
LA SEGURIDAD SIGUE SIENDO UNA DE LAS GRANDES DEUDAS
El INEGI registró 33 mil 241 defunciones por homicidio durante 2024, con una tasa de 25.6 por cada 100 mil habitantes.
La violencia no comenzó con Morena. El problema tiene décadas. Pero tampoco puede utilizarse el pasado como explicación permanente para no responder por el presente.
EL PODER TAMBIÉN CAMBIA A LOS PARTIDOS
Morena creció incorporando militantes históricos, ciudadanos sin trayectoria partidista y políticos provenientes de otras organizaciones. Esa apertura amplió su fuerza, pero también dejó una pregunta incómoda: ¿Todos llegaron por convicción o algunos simplemente entendieron hacia dónde se movía el poder?
Cambiar de partido es un derecho. Lo que debe revisarse es la trayectoria, los resultados y el compromiso con la transparencia.
LOS PROGRAMAS SOCIALES NO DEBEN SER PROPIEDAD DE UN PARTIDO
Uno de los grandes éxitos de Morena ha sido convertir los programas sociales en una política pública de enorme alcance. Pero hay algo que no debe perderse de vista: son derechos, no regalos de un partido.
Si se mantiene esa lógica, pueden ser una herramienta de justicia. Si se convierten en propaganda electoral, estaríamos regresando a las prácticas clientelares que durante años fueron criticadas.
EN PRIMER PLANO
Morena cumple 15 años como movimiento con una fuerza que pocos imaginaron, pero también con una responsabilidad que ya no puede eludir.
La pregunta no es solamente cuánto poder ha acumulado. La pregunta es qué está haciendo con ese poder.
Porque una transformación no se acredita por el nombre de un movimiento ni por la cantidad de votos. Se acredita con resultados, con instituciones que funcionen, con recursos transparentes y con justicia.
Quince años después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Morena está transformando el sistema político mexicano… o el poder terminó transformando a Morena?
La historia no juzgará al movimiento solamente por lo que prometió cuando buscaba el poder. Lo juzgará por lo que hizo cuando finalmente lo obtuvo



