SINGULAR

Política ficción
Por: Luis Enrique Arreola Vidal.
En México ya no se destapan corcholatas. Se herran caballos.
Morena inventó un hipódromo donde todos piensan que pueden correr, algunos competir y unos cuantos parecen conocer al ganador antes de que suene la campana.
Bienvenidos al 4Trote de la 4T. La democracia a caballo: encuestas, gobernadores, alcaldes y una militancia convencida de que gana el más rápido.
Pobres criaturas. No han visto quién tiene las riendas.
Sheinbaum gobierna. Ariadna Montiel “preside” Morena. Citlalli Hernández Mora encabeza la Comisión de Elecciones. López Obrador conserva la influencia de quien construyó el movimiento.
Cuatro personajes. Un partido. Una pregunta: ¿quién manda cuando se reparte el poder?
Una cosa es el nombramiento. Otra, la estructura. Y otra, la última palabra.
Prometieron acabar con el dedazo. Pero el pacto de la Presidenta no es con el pasado, sino con el gobernador en turno, con quien tiene las estructuras y con quien le garantice la hegemonía de su nuevo movimiento.
¿Ustedes creen que llama para preguntar cómo va la encuesta?
Ella impone a quien considera capaz de construir, le basta con influir en quién puede competir, mediante acuerdos con los gobernadores.
Citlalli tiene una tarea digna de Houdini: procesar resultados y convencer a los inconformes de que las reglas fueron iguales.
El truco no está en contar votos. Está en seleccionar nombres.
La democracia no empieza cuando preguntan por seis.
Empieza cuando explican por qué solo esos seis llegaron a la pregunta.
Publicaron dieciséis encuestas. San Luis Potosí se resolvió por consenso. Los porcentajes no borran los filtros. Cuanto más opaco es el procedimiento, más fácil resulta pedir un acto de fe.
Mi amigo Eleazar Ávila dice que en Morena no le entienden. Algunos le entienden demasiado. Tienen ADN priista.
La licuadora mezcló priistas, panistas, perredistas, petistas, verdes, izquierdistas de verdad y oportunistas de oficio.
Segundos de toda la vida. Terceros. Y varios que encontraron la revolución cuando cambió el color del presupuesto.
Ayer, el régimen. Hoy, la transformación. Mañana, el cargo. El mismo contador.
También hubo militantes honestos. La tragedia está en quien creyó que transformaría el sistema y, con ingenuidad, piensa que compite en igualdad de condiciones con quienes aprendieron a sobrevivir dentro de él.
Los dueños del establo son los gobernadores y los principales operadores políticos estatales y locales. Con ellos se hacen los acuerdos, llamados “consensos”.
La imposición se presenta como resultado. El dedazo puede llegar con una gráfica.
El PRI no necesariamente volvió. Algunas prácticas nunca se fueron: se vistieron de guinda. Sangre vieja coagulada sobre el expediente.
Los gobernadores conocen a los alcaldes, a los operadores y el territorio. Saben quién moviliza y quién solo paga espectaculares.
Donde Morena no gobierna, los alcaldes de las ciudades más grandes pueden convertirse en el centro del poder territorial.
Tienen recursos que la ley prohíbe utilizar para favorecer candidaturas. ¿Pero ustedes creen que les importa eso?
El presupuesto lo tratan como herencia.
En Nuevo León, Tatiana Clouthier, coordinadora de la campaña presidencial de 2018, anunció Todos con Conciencia tras la designación de Clara Luz Flores, sin retirar su respaldo a Sheinbaum.
Se puede apoyar a la Presidenta y cuestionar al partido. Lo difícil es que disentir no se interprete como traición.
En Chihuahua, Andrea Chávez recibió la coordinación de Ciudad Juárez después de la disputa estatal.
La dirigencia habla de encuestas. El calendario político, de intereses y estrategia.
¿Cuánto pesa la medición y cuánto la negociación?
Algunos derrotados reciben otra oportunidad. Otros, un discurso de unidad.
Hay caballos de pura sangre, prestados, de alquiler y uno que otro burro que se cree semental porque entró al establo del gobernador.
El golpe más duro puede venir de adentro.
El adversario conoce el discurso. El compañero, la contradicción. El antiguo aliado, el secreto.
¿Quién guarda los archivos y por qué aparecen cuando se disputa una candidatura?
No toda denuncia es cierta.
Cuando los archivos se utilizan para destruir a los de casa, la competencia comienza a parecerse a una administración del miedo.
Afuera está Estados Unidos: narcotráfico, organizaciones criminales clasificadas como terroristas, soberanía y cooperación.
Sheinbaum defiende ambas. Pero la soberanía no puede coexistir con el encubrimiento, ni la cooperación con la entrega de inocentes.
La pregunta es si pretende decidir discrecionalmente quién coopera y quién no con el vecino del norte.
Si una investigación tocara a un personaje del movimiento, ¿responderían las instituciones o respondería primero el partido?
Perder el presupuesto es perder operadores y descubrir cuántos amigos lo eran realmente.
López Obrador sigue fuera del gobierno, pero no de Morena.
Claudia tiene la Presidencia. Él, el peso de fundador.
El partido debe regirse por reglas, no por la interpretación de cada silencio que llegue de Palenque.
El poder no se comparte: se administra.
Quien pretende conservarlo para siempre ignora que el país no puede convertirse en la bandera de su propia supervivencia política.
Morena nació contra el viejo régimen. Falta demostrar que no heredó sus métodos.
Cambiar de color no cambia las reglas. Cambiar de jinete no transforma al caballo.
Juan de Dios Peza, en Reír llorando, retrató al hombre que hacía reír mientras cargaba con su propio dolor.
Aquí sonríen los dirigentes y la militancia no entiende por qué hacen falta tantas negociaciones.
Antes de que suene la campana, una última pregunta:
¿Quién es el dueño del hipódromo?
Todos pueden correr. No todos llegan. Algunos parecen mover la meta.
El pueblo pone el caballo. Los políticos, las riendas. Nosotros, las herraduras.
¿Transformación o restauración?
¿Reír por lo que dicen o llorar por lo que hacen?
Las dos cosas.
A carcajadas.



