POR LA LIBRE

La UAT y la erradicación del Trabajo Infantil
Pot Edelmira Cerecedo García
La instalación de la Comisión Intersecretarial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil en Tamaulipas no puede entenderse sólo como un acto protocolario; representa la posibilidad real de articular esfuerzos desde distintos frentes para atender una problemática compleja y profundamente social.
En este escenario, cobra especial relevancia la participación del rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, cuya presencia no es menor ni simbólica. La UAT tiene la capacidad técnica, académica y territorial para convertirse en un eje estratégico en la prevención y erradicación del trabajo infantil.
Desde la investigación, la generación de estadísticas confiables, el diseño de políticas públicas y la formación de profesionistas con sensibilidad social, la universidad puede marcar diferencia.
La participación activa del rector envía un mensaje claro: la academia asume su responsabilidad social y se coloca del lado de la niñez tamaulipeca. No se trata únicamente de acompañar, sino de incidir, proponer y evaluar. Cuando la universidad pública se involucra, el debate se eleva y las soluciones se sustentan en evidencia.
De igual manera, el secretario del Trabajo y Previsión Social, Gerardo Illoldi, juega un papel clave en la articulación institucional y en la implementación de estrategias laborales que protejan a adolescentes en edad permitida y erradiquen prácticas que vulneren derechos.
Pero es la sinergia entre gobierno y universidad la que puede dar resultados de fondo. Si la UAT asume un liderazgo técnico permanente dentro de esta comisión, Tamaulipas podría avanzar hacia un modelo integral que no sólo atienda las consecuencias, sino que prevenga las causas estructurales del trabajo infantil.
Liderazgo con el Alma.
Podríamos decir muchas cosas de Astrid Sontoya Muller, pero lo verdaderamente importante no cabe en una lista de adjetivos… se siente.
Sí, tiene carácter. Y no uno cualquiera: un carácter firme, templado, de esos que no se doblan ante la presión. En un entorno político donde muchas veces a las mujeres se les quiere suaves, complacientes o reducidas a estereotipos superficiales, Astrid eligió otro camino.
No compite desde la apariencia; lidera desde la convicción. No busca encajar en expectativas ajenas; redefine la narrativa con hechos.
Hay cosas que están fuera de su alcance porque no administra recursos públicos ni dirige una empresa, pero jamás ha permitido que eso sea excusa para no actuar.
Quien trabaja a su lado descubre una mujer transparente, directa y profundamente comprometida. Su liderazgo no nace del cargo, nace del carácter.
Lo que más impacta es ese equilibrio poco común: la fuerza que impone respeto y la sensibilidad que construye confianza.
Puede tomar decisiones difíciles con determinación, pero también detenerse a escuchar, a acompañar, a ayudar.
Y si hace falta, ahí está… incluso para colocar un vendaje con sus propias manos. Porque para ella el servicio no es un conjunto de palabras o un video bailando para conseguir liks, es acción.
Astrid no es dureza sin corazón, ni sensibilidad sin firmeza. Es una combinación poderosa de ambas. Su potencial no está solo en lo que ha hecho, sino en todo lo que aún puede transformar. Porque cuando una mujer decide romper moldes y actuar con autenticidad, no solo avanza ella… abre camino para muchas más.
Y eso, más que carácter, es liderazgo con alma.



