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POR LA LIBRE

González: cuando el respaldo se convierte en obra

Por Edelmira Cerecedo García

Hay informes que son trámite. Y hay otros que sirven para medir algo más importante: qué tanto una administración logró convertir promesas en gestión y, sobre todo, qué tanto consiguió abrir puertas fuera de su propio escritorio.

El segundo informe de Miguel Alejandro Zúñiga Rodríguez en González dejó precisamente esa lectura.

La presencia del gobernador Américo Villarreal Anaya no fue solamente la fotografía institucional del día. El dato duro está en los más de mil 328 millones de pesos invertidos durante los cuatro años de la administración estatal en González, con recursos dirigidos a agua, educación, desarrollo agrícola, caminos rurales y otros proyectos estratégicos.
Y aquí aparece el punto político interesante: González está dejando de ser únicamente el municipio que pide y empieza a colocarse como el municipio que gestiona, suma y empuja proyectos.

Porque una cosa es anunciar infraestructura y otra muy distinta poner sobre la mesa un proyecto como el nuevo acueducto, con una inversión de 130 millones de pesos y participación estatal del 75 por ciento, para aprovechar el agua del río Guayalejo y reducir la dependencia de la presa.

Eso, en política pública, no es discurso. Es infraestructura.

Y en medio de todo esto aparece Miguel Zúñiga.
Joven, sí. Pero la juventud en un gobierno municipal solamente sirve cuando viene acompañada de capacidad para tocar puertas, sumar voluntades y entender que un alcalde no puede encerrarse en el palacio municipal a administrar lo cotidiano.
Tiene que salir.
Tiene que gestionar.
Tiene que insistir.
Y tiene que conseguir.

Ahí está quizá la lectura que deja González: un hombre joven conduciendo un municipio que necesita soluciones de largo alcance y que, por los resultados expuestos, está encontrando interlocución con el Estado y la Federación.
También hay otro dato político que no pasa desapercibido.

Américo habló del cariño y del respaldo que ha encontrado en González, al recordar la participación del municipio en lo que él llamó un “despertar de conciencias”. Y más allá del lenguaje político, hay una realidad que explica buena parte de esa cercanía: el gobierno estatal reporta alrededor de 335 millones de pesos anuales en programas de bienestar que alcanzan a más de 9 mil habitantes del municipio.

La política, cuando llega al territorio, deja de ser discurso.

Se convierte en agua que llega, camino que se rehabilita, escuela que mejora, productor que recibe apoyo y familia que encuentra un programa que le ayuda.

Por eso el informe de González deja una fotografía interesante: Américo poniendo sobre la mesa el respaldo estatal y Miguel Zúñiga mostrando que hay un gobierno municipal dispuesto a empujar esos recursos y convertirlos en proyectos.
La pregunta ahora no es solamente cuánto se ha invertido.

La pregunta es cuánto más puede crecer González si esa coordinación continúa.
Y ahí, precisamente ahí, está el verdadero examen para el alcalde joven.
Porque gobernar no es inaugurar.
Gobernar es lograr que lo que hoy se anuncia mañana se convierta en una obra que la gente pueda tocar, usar y defender.

UAT: tres señales que merecen lupa.

Mientras en González la conversación gira alrededor de infraestructura y desarrollo, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas hay otra agenda que también merece lectura política —universitaria, por supuesto— porque habla de crecimiento, organización y presencia social.
Dámaso Anaya: crecer también obliga.
El rector Dámaso Anaya Alvarado presentó ante el Patronato Universitario el balance financiero y académico de la UAT, con un dato que llama la atención: más de 45 mil estudiantes y un crecimiento de 12.5 por ciento en la matrícula desde 2024. También se reportó que el 100 por ciento de los programas educativos evaluables cuenta con acreditación bajo estándares nacionales.

El número es importante, pero la verdadera lectura está detrás del número.
Más estudiantes significan también más responsabilidad.
Más aulas.
Más infraestructura.
Más profesores.
Más oportunidades.

Y, sobre todo, más exigencia para que una universidad pública mantenga la calidad mientras aumenta su cobertura.
El rector está colocando el crecimiento de matrícula, la movilidad académica, la infraestructura y la transparencia financiera como piezas de una misma estrategia.

La cifra impresiona; el reto es sostenerla.

Porque llenar las aulas es crecimiento.
Lograr que los jóvenes permanezcan, aprendan, se titulen y encuentren oportunidades después de egresar es transformación.
Ahí está la vara.
Correcaminos: el clásico no necesita presentación.

Y si alguien pensó que la UAT solamente se juega en las aulas, que se dé una vuelta por el Marte R. Gómez este viernes.
Correcaminos y Jaiba Brava van por la edición 44 del Clásico Tamaulipeco, correspondiente a la Jornada 10 de la Liga de Expansión MX. El equipo universitario trabaja bajo las órdenes de Gabriel “Místico” Pereyra con la mira puesta en reencontrarse con el triunfo.

Aquí el dato político se vuelve social: el fútbol también construye identidad.

Y Correcaminos no juega solamente por tres puntos.

Juega frente a una afición que quiere volver a sentirse parte de un equipo competitivo.
La venta de boletos ya comenzó y los precios van desde 60 pesos en Preferente, con promociones para menores, hasta 200 pesos en Plateas para adultos.

El balón está en la cancha.
La afición pondrá lo suyo en las gradas.
Y el viernes veremos si el equipo responde.
UAT: universidad, deporte y presencia social
Hay una tercera lectura que conecta las dos anteriores.

La UAT está tratando de proyectarse no solamente como una institución que entrega títulos, sino como una universidad con presencia en la vida pública de Tamaulipas: educación, investigación, movilidad, cultura, deporte e infraestructura.

Y ahí el rector tiene una tarea nada menor.
El crecimiento institucional debe sentirse fuera de los edificios universitarios.

Que un estudiante pueda acceder a mejores instalaciones.
Que pueda hacer movilidad nacional o internacional.

Que encuentre espacios deportivos y culturales.
Que la investigación tenga utilidad social.
Que Correcaminos vuelva a generar identidad.
Porque una universidad pública no se mide únicamente por su presupuesto o por cuántos alumnos tiene.

También se mide por cuánto transforma el entorno donde está plantada.

Y en Tamaulipas, la UAT tiene territorio de sobra para demostrarlo.
Tres temas.
Tres lecturas.
Una misma institución.

Aulas que crecen, una universidad que se transforma y un equipo que busca que el viernes el Marte R. Gómez vuelva a rugir.

Así está el tablero universitario.
Y sí, también de eso se trata la política pública: de que los números terminen teniendo nombre, apellido y rostro.

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