
Tamaulipas ocupa un lugar destacado en el tratamiento de aguas residuales industriales, pero el propio Gobierno estatal reconoce que cerca de la mitad de las descargas aún no recibe tratamiento adecuado. El rezago amenaza ríos, lagunas y afluentes fronterizos
Ciudad Victoria, Tamaulipas.– Tamaulipas enfrenta una paradoja en materia de agua: mientras presume estar entre los estados con mayor tratamiento de aguas residuales industriales, cerca de la mitad de las aguas residuales de la entidad todavía no recibe el tratamiento adecuado antes de ser descargada.
El reconocimiento fue hecho por el secretario de Recursos Hidráulicos, Raúl Quiroga Álvarez, quien admitió que el estado arrastra un rezago histórico en saneamiento, plantas tratadoras y redes de drenaje.
El problema no es menor. Las descargas impactan cuerpos de agua como el río Pánuco, lagunas de la zona sur y afluentes de la frontera, donde el agua residual puede convertirse en un problema ambiental y sanitario.
El contraste que incomoda
Tamaulipas ocupa el segundo lugar nacional en tratamiento y reúso de agua dentro del sector industrial, de acuerdo con información presentada por la Secretaría de Recursos Hidráulicos y datos de la CONAGUA. La entidad reporta 114 plantas industriales, con una capacidad instalada de 9 mil 388 litros por segundo.
Sin embargo, ese avance convive con un pendiente mucho más amplio: el saneamiento de las aguas residuales municipales.
Quiroga Álvarez reconoció que durante la actual administración se ha logrado rescatar alrededor del 35% del rezago en saneamiento, pero advirtió que todavía falta una inversión de miles de millones de pesos.
El funcionario fue directo:
“El saneamiento exige miles de millones de pesos”.
El dato coloca el foco en una infraestructura que muchas veces permanece fuera de la discusión pública: no basta con tener agua potable; también hay que limpiar el agua después de usarla.
Sur de Tamaulipas busca cerrar la brecha
Uno de los proyectos más ambiciosos se desarrolla en Tampico, Ciudad Madero y Altamira.
Mediante un convenio con el sector industrial, se busca alcanzar el 100% del tratamiento de las aguas residuales en esa zona, un proyecto que, según lo expuesto por el secretario, beneficiaría al 24% de la población estatal.
El objetivo es atacar uno de los puntos críticos de la región sur: la presión sobre cuerpos de agua y sistemas de saneamiento que reciben descargas de una de las zonas urbanas e industriales más importantes de Tamaulipas.
El llamado Proyecto Génesis contempla, entre otras acciones, obras relacionadas con saneamiento y reúso del agua en el sur del estado.
Nuevo Laredo acelera su planta
En la frontera norte, el Gobierno estatal reporta un avance de 90% en la rehabilitación de la Planta Internacional de Tratamiento de Aguas Residuales (PITAR) de Nuevo Laredo.
La obra representa una inversión conjunta de 81.2 millones de dólares y reúne recursos del Gobierno estatal y municipal, CONAGUA, la Comisión Internacional de Límites y Aguas y NADBANK.
Cuando concluya, la planta podrá tratar hasta 1,350 litros por segundo. Además, se contempla reforzar la planta norponiente con capacidad de 350 litros por segundo.
El objetivo es reducir las descargas contaminantes hacia el río Bravo y cumplir compromisos internacionales.
Reynosa y Matamoros, otros focos rojos
El problema también alcanza a la frontera tamaulipeca.
De acuerdo con Quiroga Álvarez, en Matamoros y Reynosa se desarrollan proyectos para atender el vertimiento de aguas residuales hacia el canal Anzaldúas.
En Reynosa se pretende modificar el esquema actual para evitar que las aguas residuales terminen afectando el sistema conectado al río Bravo.
La intención es eliminar un punto identificado por las autoridades como un foco de contaminación y riesgo sanitario.
El reto no termina con construir plantas
La propia CONAGUA advierte que el tratamiento de aguas residuales es fundamental para reducir la contaminación de suelos, cuerpos de agua y acuíferos, además de disminuir riesgos asociados con enfermedades de origen hídrico.
El desafío para Tamaulipas, por tanto, no consiste únicamente en construir nuevas plantas.
También implica mantenerlas operando, ampliar las redes de drenaje, garantizar recursos para su funcionamiento y evitar que las aguas residuales lleguen directamente a ríos y lagunas.
La paradoja queda sobre la mesa: Tamaulipas puede presumir liderazgo industrial en tratamiento de agua y, al mismo tiempo, reconocer que una parte considerable de sus aguas residuales todavía se descarga sin el saneamiento necesario.
El reto para los próximos dos años será convertir las obras anunciadas en resultados medibles y hacer que el agua que sale de las ciudades tenga un destino distinto al de convertirse en otro problema ambiental.



