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EN VISTO

La alianza por los privilegios se impone en San Lázaro

 

Dora de la Cruz

 

La iniciativa de reforma electoral propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum no alcanzó la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y lo que llamó la atención, no fue el voto de la oposición, sino el de sus propios aliados: el Partido Verde y el Partido del Trabajo, en una alianza de intereses partidistas que se impuso por encima del interés del pueblo.

De la oposición, de la unión del Partido Acción Nacional y del Partido Revolucionario Institucional, se esperaba no sólo el voto en contra, sino además, los  berrinches en el pleno de San Lázaro, como sucede cada vez que se presenta una reforma que toca los intereses partidistas o de sus grupos. Así ocurrió durante la discusión de la reforma judicial.

Pero del Partido Verde y del Partido del Trabajo, pasar de la coincidencia a la disidencia, sorprendió a más de uno, haciendo cuentas de pérdidas y ganancias. Al final, su voto terminó en concretar la ahora llamada “alianza de defensa de los privilegios”, que tiene que ver con las prerrogativas de los partidos políticos y la disposición de las diputaciones, senadurías y regidurías plurinominales que han hecho las cúpulas partidistas.

Lo que quedó claro, es que quien votó para que no se disminuyan los privilegios, son las mismas caras y los mismos nombres de las y los llamados representantes del pueblo en la Cámara de Diputados, de los mismos partidos, del PAN, así como las y los priistas que quieren seguir viviendo enchufados del presupuesto, además de los del Verde y del Trabajo, que no quieren perder los mismos privilegios.

Pero también, esta iniciativa de reforma electoral, evidenció a quienes al interior de Morena, no comparten la convicción del movimiento de la transformación y votaron en contra de la propuesta; ahí quedaron, en el tablero electrónico de votación de la Cámara, los nombres de las diputadas morenistas Yissel Arellano, Santi Montemayor, Alejandra Chedraui, que votaron en contra; de los diputados Jesús Jimenez, Ivan Peña, que cuentan como voto en contra, los que estuvieron ausentes de manera sospechosa, al momento de la votación, y por supuesto, de la ex magistrada Olga Cordero, quien, se abstuvo de votar, como pasó con la reforma judicial, quien evidentemente está en contra de reducir privilegios, como beneficiaria de muchos de ellos.

Un día después del rechazo a la reforma electoral, la Presidenta Claudia Sheinbaum no solo señaló el resultado de la votación, sino que puso en el foco a quienes se opusieron. Para ella, quienes votaron en contra, carecen del compromiso elemental de “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, las primicias del Movimiento de la 4T.

Mientras analistas nostálgicos del pasado y la oposición, se concentran en hablar de una supuesta ruptura de la alianza Morena–PV–PT, la realidad es que dentro del partido en el gobierno no todos comparten, ni respaldan la intención de terminar con la corrupción, los privilegios y los super salarios del INE, donde hay consejeros y consejeras que ganan más que la Presidenta. Más allá del compromiso con el pueblo, siguen pensando en los intereses personales y de grupo por encima de los de la ciudadanía.

La propuesta de la reforma electoral no solo divide opiniones en las altas esferas de la política, sino que refleja la resistencia de ciertos sectores a tocar los excesivos recursos públicos destinados a las elecciones y a los salarios de quienes operan las elecciones, con pagos millonarios que superan los estándares del servicio público y significan cifras que nunca verán juntas el grueso de los mexicanos, obreros y jornaleros asalariados, de cuyos impuestos se paga la nómina pública.

 

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