EN VISTO

Espectadores del feminicidio
Dora de la Cruz
Los dos recientes hechos de feminicidio, pusieron a prueba a las fiscalías, en su capacidad para prevenir, investigar y castigar este delito, cito los casos de Edith Guadalupe y Carolina Flores, que exhibieron, una vez más, las limitaciones institucionales para responder con resultados, transparencia y acceso a la justicia frente a la violencia contra las mujeres.
Las fiscalías, parece que dan clases de apología del feminicidio, y pocas veces salen a proporcionar información concreta sobre avances y resultados de las investigaciones; solo dicen lo obvio y dejan muchas preguntas al aire, que se hace la ciudadanía.
El caso del feminicidio de Edith Guadalupe, de 21 años, volvió a colocar en el centro de la conversación pública una crisis: el tema de la desconfianza ciudadana hacia las fiscalías; pusieron en duda la presunta responsabilidad de Juan Jesús “N”, el guardia del edificio, donde fue encontrada sin vida la joven; luego de que los familiares dieron aviso de la desaparición, las autoridades se negaron a iniciar la búsqueda inmediata; en cambio, les solicitaron dinero. Edith fue encontrada sin vida dos días después.
El otro caso, fue el de la ex reina de belleza, Carolina Flores, a quien presuntamente la asesinó su suegra en un departamento de Polanco, en la Ciudad de México, que dejó a la fiscalía de la Capital del país, exhibida por su incapacidad para esclarecer un caso documentado incluso en video; pero además, el comportamiento del esposo de la víctima generó cuestionamientos, al ser visto poco congruente con la gravedad de lo ocurrido.
Ni la suegra, ni el esposo han sido detenidos, ni se conoce con claridad si están formalmente bajo investigación en este caso de feminicidio, las autoridades, no han salido a informar nada del asunto. La opacidad institucional vuelve a exhibir cómo, desde las fiscalías, la violencia contra las mujeres se maneja con burocratismo, sin la urgencia que exige la pérdida de una vida.
En Tamaulipas, el pasado 25 de abril, Lorenia, de 30 años, fue víctima de feminicidio en Reynosa. De acuerdo con el reporte oficial, fue atacada por su pareja en el restaurante donde ambos laboraban. El presunto responsable fue detenido y permanece a disposición de la autoridad, por lo que deberá enfrentar proceso por este delito, recientemente tipificado en el estado.
En algunos casos, como el ocurrido hace unos días en Tamaulipas, se actuó de inmediato, pero los daños colaterales, ahí quedan, y aunque el marco legal se ha fortalecido, el feminicidio continúa registrando incidencia, lo que plantea una pregunta que es respuesta: algo está fallando… algo no está funcionando.
Las reformas y políticas públicas no han logrado bajar los casos de feminicidio en su incidencia; dan señales de fallas estructurales en la prevención y atención del grave problema.
Parecería que nos estamos convirtiendo en simples espectadores, de un problema grave que se repite en todos los espacios, en edificios públicos, departamentos, restaurantes y lugares públicos, donde, en teoría, las mujeres deberían estar seguras. La pregunta ya no es solo qué está pasando, sino dónde está la falla que impide reducir las cifras de feminicidio.
Qué es lo que debería de reestructurarse, o crear, para avanzar hacia el acceso de las mujeres a una vida libre de violencia. Lo que sí está en entredicho, es la eficacia en la respuesta de las autoridades, a quienes compete la protección, prevención, procuración y administración de la justicia.



