Columnas

MIRADA DE MUJER

Luz del Carmen Parra

Felicidades mamá

Hoy quiero celebrar a la mujer que anida en su pecho un corazón de madre, aquella que por convicción, devoción y entrega, ha decidido darle un significado a su vida, generando vida, cuidando y protegiendo celosamente el desarrollo de sus hijos, porque veo a mi alrededor la maternidad menospreciada, eso se hace cada vez más evidente, cuando sabemos de mujeres que rentan su vientre para fecundar hijos ajenos, o quienes esperan que nazca su bebé para deshacerse de él, o que se sienten superadas por el compromiso y los abandonan, o quien de plano no siente la necesidad de engendrar. Muy respetable. Ni cuestiono, ni respaldo. Solo preciso.

Recuerdo que cuando era niña, escuchaba atentamente a mi madre, cuando platicaba que en el barrio había una señora, ya muy viejita, que todos los años era reconocida en el pueblo como la mamá que más hijos había tenido, 26 en total, aunque sólo la mitad le habría sobrevivido.

Obviamente eran tiempos en que las campañas anticonceptivas no existían, y la mujer no tenía a su alcance ni el conocimiento, ni los medios para planificar su familia. La maternidad no era algo opcional, se aceptaba como algo inevitable, y con resignación parafraseaban aquel dicho popular “de que no en violín, tambora”.

Se acerca la celebración del Día de las Madres, y quiero en especial, honrar la memoria de mi madre, que abnegadamente procreó 11 hijos, a quienes dedicó su vida entera en su afán de formarnos con principios y valores, de educarnos en el servicio y compromiso y hacer de todos nosotros hombres y mujeres de bien, y expresar también, mi reconocimiento a todas aquellas mujeres que luchan y dan su vida, por hacer de sus vástagos personas prósperas y felices, que viven y disfrutan su maternidad, desde el primer instante de intuir el resultado de su prueba de embarazo, como una posibilidad de ver hecho realidad su sueño de niñas o adolescentes.

Comparto la alegría y el júbilo, con aquéllas que han hecho de un hijo su motivo, sentido y razón de su vida, con quienes cuidarlo y acompañarlo cotidianamente, les ha representado un gozo, el mayor de los disfrutes, una promesa vivida a diario como una realización personal, un complemento que endulza los momentos duros y fundamenta los esfuerzos diarios, para alcanzar metas individuales convertidas en síntesis de algo superior; donde no existe ni cansancio ni agotamiento, por más larga que haya sido la jornada.

Coincido con Elizabeth Cady Stanton, quien refiere que “la maternidad es la más importante de todas las profesiones, y que exige más conocimientos que cualquier otro asunto relacionado con el hombre”. De ser sincera, justo cuando di a luz a mi primer hijo, fue cuando me descubrí siendo capaz de los sacrificios más inimaginados, empecé a conocer los sentimientos más nobles y los momentos más felices de que tenga memoria. Y si, me he visto desempeñando tantos oficios en apenas unas horas, y muchos de ellos para mí desconocidos.

Estudios científicos han buscado una explicación lógica a la respuesta inmediata de una madre para atender las necesidades de su hijo, tratando de descifrar el vínculo que se establece entre ambos desde el momento mismo de la concepción. Hay quienes aseguran que durante el embarazo se da un intercambio de células del bebé con su madre, que produce una simbiosis increíble, casi mágica entre ellos, y en su mayoría quedan adheridas al corazón de la madre, fenómeno que se le conoce como microquimerismo fetal. Cuando leí esto, me cuestioné: ¿será por eso que los hijos anidan permanentemente en nuestro corazón?

Otra tesis científica asegura que el cerebro de una madre en gestación sufre cambios muy importantes, tantos que se da una transformación en sus zonas relacionadas con la empatía, la cual se mantiene hasta dos años después del parto, y quedando instalada en ella de por vida, por eso tal vez la entrega de una madre no tiene límites.

En 1872, en Estados Unidos, la pacifista y escritora Julia Ward Howe, luchadora por los derechos de la mujer, instituyó el 10 de mayo como El Día de la Madre; actualmente se celebra en casi todo el mundo, y es la ocasión para que la mayoría de los hijos agasajemos a quien nos dio la vida, llevándoles serenatas, regalándole flores, canciones y poemas y un sinfín de detalles que manifiestan nuestra gratitud y nuestro reconocimiento, pero sin temor a equivocarme, el regalo más valorado por las madres, es el tiempo que les dedicamos, la oportunidad que les damos de compartir nuestros éxitos, de acompañar nuestro crecimiento, de permitirles seguir siendo parte de nuestra vida.

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