Política

Morena endurece filtros: fuera corruptos rumbo a 2027

Por Daisy Verónica Herrera Medrano

Ariadna Montiel Reyes asume la dirigencia nacional de Morena con línea dura: sin excepciones ni encuestas que salven a perfiles señalados por corrupción rumbo a 2027

CDMX.– Con un mensaje frontal y sin matices, Ariadna Montiel Reyes tomó la presidencia nacional de Morena y lanzó una advertencia directa: en el movimiento no habrá espacio para corruptos, aunque lideren encuestas internas.

Durante el VIII Congreso Nacional Extraordinario, la nueva dirigente marcó un quiebre en la narrativa interna: la popularidad ya no será sinónimo de candidatura. Ahora, los aspirantes deberán acreditar trayectoria limpia, honestidad comprobada y trabajo real en territorio.

Montiel fue tajante al fijar postura contra viejas prácticas que han contaminado la política mexicana. “Si tenemos certeza de corrupción, aunque haya ganado la encuesta, no será candidato”, sentenció, en un mensaje que apunta a cerrar el paso a perfiles oportunistas que buscan refugio en el partido.

La línea es clara: Morena intenta blindarse ante el desgaste que provocan los escándalos de corrupción, enviando una señal de control interno y depuración política rumbo a 2027. El mensaje también responde a críticas crecientes sobre la infiltración de actores cuestionados bajo el amparo de la popularidad.

En ese contexto, Montiel alineó su discurso con el proyecto de Claudia Sheinbaum Pardo, reforzando la continuidad de la llamada Cuarta Transformación y la defensa de la soberanía nacional. Sin embargo, el verdadero golpe político fue hacia dentro: endurecer reglas para evitar que el poder se convierta en refugio de impunidad.

Además, anunció una estrategia de expansión agresiva: distribución del periódico Regeneración a 30 millones de hogares y asambleas en más de 2 mil 400 municipios, con el objetivo de consolidar estructura y narrativa.

La senadora Olga Sosa Ruíz respaldó el relevo y destacó el perfil de Montiel como una lideresa de territorio, mientras reconoció el trabajo de Luisa María Alcalde Luján, quien deja un padrón superior a 12 millones de afiliados.

El relevo ocurre en un momento crítico: Morena busca mantener su hegemonía política sin cargar el costo de la corrupción interna. Con este endurecimiento, el partido redefine sus reglas y lanza un mensaje incómodo para muchos: en la ruta al poder, la impunidad ya no será tolerada… al menos en el discurso.

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