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Los Dos Méxicos

Por Edelmira Cerecedo Garcìa.

La gente. Todos somos la gente.
Unos con la mirada clavada en la pantalla esperando un gol, otros con la mirada perdida en una fotografía esperando encontrar a un hijo, a una hija, a un hermano que nunca regresó.
Mientras miles celebran, cantan y se abrazan alrededor de una pasión legítima como el futbol, a unos cuantos metros otras mexicanas levantan mantas, retratos y exigencias. Son las madres buscadoras. Son las familias que siguen esperando respuestas. Son el rostro de un México que no puede darse el lujo de distraerse porque el dolor no da descanso.
La escena retrata con crudeza la existencia de dos Méxicos.
Uno que ríe, consume, festeja y se emociona. Otro que busca, reclama y sobrevive.
Uno que encuentra espacios públicos iluminados, conciertos, espectáculos y narrativas optimistas. Otro que debe abrirse paso entre vallas, indiferencia y burocracia para ser escuchado.
Y no, no se trata de culpar a quien disfruta un partido o una celebración. El problema aparece cuando el ruido del entretenimiento termina ahogando el grito de quienes exigen justicia.
También ahí aparece otra división.
Está el llamado “pueblo sabio”, ese concepto político que durante años se utilizó para justificar decisiones electorales y proyectos de gobierno bajo la premisa de que la voluntad popular nunca se equivoca.
Pero existe también el otro pueblo.
El pueblo que padece las consecuencias.
El pueblo que sigue esperando medicamentos, seguridad, agua potable, carreteras transitables, escuelas dignas y oportunidades reales.
El pueblo que votó con esperanza y que hoy enfrenta una realidad mucho más compleja que los discursos.
Los dos pueblos son el mismo pueblo.
Porque quienes eligieron también sufren. Quienes creyeron también enfrentan la inseguridad. Quienes defendieron el sistema también hacen filas en hospitales, padecen apagones, soportan carreteras destruidas o buscan familiares desaparecidos.
La tragedia nacional es que nos han convencido de dividirnos entre buenos y malos, entre pueblo y adversarios, cuando la realidad demuestra que los problemas no distinguen colores partidistas.
La inseguridad no pregunta por quién votaste.
La pobreza no revisa credenciales de militancia.
La desaparición de un ser querido no distingue ideologías.
Por eso México no necesita más espectáculos para olvidar sus problemas. Necesita respuestas para resolverlos.
Porque mientras un México celebra goles, otro sigue contando ausencias.
Y ambas realidades ocurren al mismo tiempo, en la misma plaza, bajo la misma bandera.
Esos son los dos Méxicos.
El que aplaude.
Y el que espera justicia.

Mientras en Tamaulipas.

Cuando Américo Villarreal Anaya recordó el momento en que recibió la constancia de mayoría que lo convirtió en gobernador de Tamaulipas, también recordó que el reloj político rumbo a 2027 ya está corriendo.
MORENA sigue siendo la fuerza dominante en el estado, pero la continuidad no está garantizada. Todo dependerá de la selección de candidatos competitivos y de la capacidad de mantener la unidad interna.
En la oposición, el PAN parece haber perdido un tiempo valioso intentando reorganizarse. Hoy enfrenta el desafío de reconstruir liderazgos y estructuras en un plazo cada vez más corto.
El PRI, por su parte, podría convertirse en un factor relevante si toma decisiones acertadas. Sin embargo, también enfrenta un problema de liderazgo. La dirigencia estatal encabezada por Bruno Díaz ha sido cuestionada por diversos sectores priistas que consideran insuficiente el nivel de posicionamiento y crecimiento del partido frente a los retos que se aproximan.
Para muchos militantes, el PRI necesita una figura de mayor peso político, experiencia y capacidad de operación territorial. No basta con administrar al partido; se requiere construir una alternativa electoral competitiva que pueda volver a conectar con una ciudadanía cada vez más crítica.
La elección de 2027 aún parece lejana, pero en política tres años pasan en un suspiro. Mientras unos celebran aniversarios de triunfos pasados, otros deberían estar preocupados por construir las condiciones para competir en el futuro.
Porque el tiempo de los recuerdos es cómodo.
El tiempo de las sucesiones ya comenzó.

Cuando la cultura también construye ciudadanía.

En tiempos donde el debate sobre migración suele reducirse a cifras, discursos políticos y confrontaciones, resulta valioso que la Universidad Autónoma de Tamaulipas abra espacios para reflexionar sobre las historias humanas que existen detrás de cada frontera.
La decisión de convertir a la FADYCS de Tampico en sede de la muestra nacional de cine documental “Mirador: Historias sin fronteras” coloca a la UAT como un punto de encuentro para el diálogo, la reflexión y el entendimiento de una realidad que forma parte de la vida cotidiana de miles de familias mexicanas.
Más allá de las proyecciones gratuitas, lo relevante es que la universidad se suma a una red nacional de espacios culturales que buscan acercar temas complejos a la ciudadanía mediante el cine documental, una herramienta capaz de mostrar realidades que muchas veces permanecen invisibles.
La migración, la identidad binacional, los sueños, los sacrificios y las historias de quienes cruzan fronteras encontrarán eco en una muestra que confirma que la educación superior también debe impulsar sensibilidad social y pensamiento crítico.
Porque cuando una universidad abre sus puertas a la cultura, también abre ventanas para comprender mejor el mundo que nos rodea.

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